También nuestra vejez “Una obra de arte”

También nuestra vejez “Una obra de arte”

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Me encanta leer los mensajees que el papa Francisco envía a jóvenes. En México, recientemente, el encuentro coincidió con las festividades de Todos los Santos y el Día de los muertos. En México las celebra juntas y las variadas celebraciones duran varios días. El mensaje, en esta oportunidad, fue una reflexión sobre la vida y la muerte, enlazadas en una misma pregunta. Bellísimo. Lo escuché varias veces.

Hoy encontré otro, anterior, en el que les habla de identidad y pertenencia, de ese ir “haciéndose” desde las raíces, con la propia historia y los relatos recibidos y propios. Escucharlo con oídos de joven, poniéndome en lugar de ellos, me hace re-pensar mi larga tarea de docente y catequista. Porque el broche de oro del mensaje a los jóvenes fue: ”¡Hagan de su vida una obra de arte!”.

Si me lo hubieran dicho a mí, allá lejos y hace tiempo, quizás me hubiera preguntado: ¿qué es una obra de arte? Y me veo yendo al diccionario, a los filósofos, a los comentarios y opiniones de familia y amigos.

¿Conclusiones? Probablemente, en mi juventud, podría ser alguna … o ninguna.

”¡Hagan de su vida una obra de arte!”

Admito que es, fundamentalmente, CREACIÓN. Es hacer una obra única y original, con insumos recogidos de la vida. Es fruto de un TRABAJO rico en intuiciones, percepciones, éxitos y fracasos, un hacer y deshacer. Al contemplarlo, se engarzan las miradas objetivas, subjetivas, propias, ajenas, que necesitamos decodificar. Es creación y trabajo que transmitimos, compartimos, y ya no es nuestro solamente. A los demás puede gustarles o no, porque, al fin y al cabo, ¿quién decide lo que es una Obra de Arte? Es probable que algún nieto me lo explique. Lo mismo podemos preguntarnos sobre la Belleza, y también sobre la Perfección.

A mi me parece que es una decisión conjunta entre quien la crea y quien la contempla.Y empleo el verbo Comtemplar, no solo mirar, porque contemplar implica correrme de mi ego para poner la atención en lo que veo. Y ambos decidimos, el otro y yo, aunque con distintos ojos, si algo es, o no, una obra de arte.

Un bello desafío, padre Francisco. Me encendió el corazón. Hace unos años, el Colegio Lasalle eligió como lema del año para trabajar con los jóvenes “Ojos abiertos, corazones encendidos”. Mi traducción personal fue: “mirar bien la realidad, y obrar apasionadamente”.

Y después de mis tradicionales delirios, he decidido hacer, de mis últimos días de vida, una obra de arte. De belleza, no hablemos, porque nadie dirá que una persona llena de arrugas es bella, aunque podríamos saltar este inconveniente, hablando de “belleza oculta”. Lo veremos

De perfección, ni qué decir, que ya sabemos lo que es el ser humano.

Emprenderé la aventura de transformarme, eliminando colores oscuros y sombras que no dejan ver claro. Iluminaré mi tiempo de todos los días escuchando con mis auriculares las cuerdas maravillosas de Houser y Ara Malikian, veré los videos de Francisco, leeré a Neruda y a Dolores Aleixandre, lloraré con quien llore y reiré con quien ría, rezaré, plantaré un jazmín, hablaré horas con mis amigas, terminaré el libro sobre la catequesis y la DSI, seguiré escribiendo y relatando las aventuras familiares de nietos y biznietos, pintaré, forraré cajas de cartón y amaré con más fuerza a pesar de los ninguneos. Todo sin apuro.

Cuando me pregunte ¿quién soy?, responderán mis brazos abrazando a todos. Cuando me pregunte cuál es mi pertenencia, cuál es mi lugar, diré asombrada: “Hoy, este”.

A lo mejor, a toda esa muchachada nacida antes de 1960 les gusta esta propuesta que Francisco hace a los jóvenes y emprendemos todos y todas la tarea de “hacernos obras de arte”…

Estamos en Adviento, tiempo de esperanza. Llegará la Navidad, el cumpleaños de Jesús, y renovaré la convicción de que lo que Dios quiere es nuestra felicidad. Y me parece, con el testimonio de la experiencia, que nos hace felices haciendo felices a otros. Es lo que lograba cada gesto de Jesús al sanar, mirar, compartir pan, penas y alegrías.

“Envejecer con esplendor”, dice Dolores Aleixandre en el subtítulo de su libro “Ante las puertas de la tarde”. También son de ella unos pareados bien españoles, preciosos, que dicen:

«No te quejes al menguar y aprende pronto a soltar. Humor y cierta elegancia dan a la vejez su gracia Ni figurar ni mandar. ¡Qué buen vino el del final!»

¿Les gustó? Pues, ¡hagamos de nuestras vejeces, una obra de arte!!

Beatriz B. de Carriego

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